Ayer mis redes sociales se llenaron de rosas, casi tanto como las calles de Barcelona… ¡qué bonito es Sant Jordi!

La cantidad de referencias a la Diada de Sant Jordi y al Día del Libro me hicieron pensar en la relación entre las redes sociales y las tradiciones: también hay hueco para ellas en la esfera sociodigital, ¡y mucho mayor de lo que hubiera pensado! Durante la pasada Semana Santa, pudimos observar la gran presencia de hashtags como #SemanaSanta  o #ssanta12 en Twitter, e incluso pudimos ver cómo afloraban aplicaciones destinadas a dar toda la información sobre las cofradías y sus recorridos, algunas de ellas incluso con geolocalización o con retransmisiones en directo.

Vamos, que parece que las costumbres más tradicionales tienen mucha cabida en el mundo 2.0, y Sant Jordi no iba a ser menos:

Quizá la red social con la que con más facilidad se apreció la gran presencia de esta festividad en redes sociales fue Twitter. Fueron varios los hashtags utilizados para la ocasión, siendo TT algunos como el previsible #SantJordi (¡con un total de 3.674 tweets!) y otros más literarios como #estoyleyendo o #Tuiteaunlibro.

Para los fieles a la frase hecha “una imagen vale más que mil palabras”, Instagram y Facebook fueron sus grandes aliados. La parte más visual de la festividad estuvo más destinada a las rosas que a los libros, y ambas redes sociales fueron idóneas para presumir de las rosas recibidas como regalo. Hubo lugar también para las felicitaciones más personales, que no podían dejar de llegar también por Whatsapp. ¿Para qué se creó sino el emoticono de la rosa?

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Sí, la moda y el cerebro... ¡son compatibles!

Publicado el 24 de abril de 2012 por  Victoria Herrera 0

1 de mayo de 2016. Me siento frente al ordenador, ejecuto la aplicación que monitoriza los consumos energéticos de mi vivienda y consulto los datos del mes de abril: 122 kWh, lo que hará una factura de 35 € sin contar los costes fijos. El programa me aporta información adicional interesante: he consumido un 15% menos que en el mes de marzo, el 65% del consumo eléctrico estuvo concentrado en la cocina, la lavadora ha pasado de 16 kWh a 12 kWh (lavar más con agua fría se ha notado), y las placas solares me ayudaron a ahorrar un 5% de energía (entre otros muchos datos).

Con lo que he ahorrado este mes evito la emisión de 11,5 kg de CO2, el equivalente a recorrer 5 km con un vehículo medio. Obtengo una insignia dorada por mi reducido consumo de este mes (el que viene voy a por la de platino). Le doy a ‘Publicar en Facebook’.

Hoy en día  nadie  pone en duda el trepidante crecimiento que han experimentado las redes sociales en los últimos años y, más aún, la incursión de éstas en parcelas de nuestra vida cotidiana cada vez más numerosas y variadas. En este sentido, el siglo XXI es testigo de una profunda transformación de las reglas que rigen la comunicación y las relaciones entre individuos, que ahora se producen en espacios tanto físicos como digitales, y con alcances infinitamente mayores. Dicho de otro modo, las redes sociales facilitan infinitamente la tarea de encontrar, conectar, agrupar y movilizar a personas con campos de interés comunes, permitiendo, por ejemplo, que la denuncia de una persona ante una negligencia ambiental se amplifique lo suficiente como para ejercer una presión que obligue a una gran corporación a dar explicaciones.

Probablemente, el papel que las redes sociales están llamadas a desempeñar no sería tan determinante si no estuviéramos inmersos en un contexto de crisis que demandará una profunda revisión de los valores sociales y económicos que han regido los modelos de desarrollo y crecimiento hasta la fecha. Valores profundamente materialistas que han conducido a que muchas generaciones veneren lo superfluo en perjuicio de lo verdaderamente trascendente, a lo largo de un proceso que, no en vano, comienza a mostrar sus primeros signos de agotamiento y la necesidad de alternativas. Leer más

↑ ¿He sido yo? ↑

Publicado el 20 de abril de 2012 por  Rober Rodríguez 0

Queda algo más de un mes para la celebración del segundo cumpleaños del famoso Like Button de Facebook (el buque insignia de su conjunto de plug-ins sociales). Este preciado potenciador de visibilidad y medidor de interés se ha vuelto casi un estándar en la web (ni siquiera es necesario tener un perfil o estar logueado para poder utilizarlo).

Presentado en sociedad en el evento #f8 de 2010 fue uno de los pilares básicos del Open Graph (hasta la llegada del nuevo Open Graph, precisamente en el #f8 del pasado año) y sigue informando de manera sencilla, rápida y clara sobre la popularidad de un contenido asociado a una URL en particular sin importar el formato o naturaleza del mismo. Ha evolucionado durante este tiempo llegando a absorver el Share Button (que ya no se utiliza como tal y Facebook ha dejado de dar soporte) provocando que cada click que hacemos en un Like despliegue un diálogo para poder compartir el enlace en nuestro muro si así lo deseamos. Además, con la inclusión de los metadatos “og” del nuevo Open Graph podemos aportar mucha información adicional. Si el Like se hace directamente en una fanpage dentro de la plataforma nos suscribiremos automáticamente a todas sus actualizaciones, ya que aparecerán regularmente en nuestro newsfeed.

Se ha extendido tanto por la web que se calcula que un 80% de las “100 top U.S Websites” lo han implementado. Tan solo un mes después de su lanzamiento se integró en 100.000 webs. Y también se dice que más de 10.000 de estos botones se colocan cada día, y si contamos con que actualmente casi cada post de todo blog viviente que existe lleva asociado uno, esta cantidad no resulta tan disparatada. Como consecuencia colateral, el botón Like puede provocar ese ansiado feedback por parte de los usuarios sobre el contenido que se ha publicado y atraer más tráfico orgánico (segmentado con bisturí) a sus sitios. Es un invento con una mecánica muy simple, con un algoritmo que funciona bien en general y que no tendría sentido sin la popularización de la plataforma. Bing ya da importancia a los Likes en sus procesos de búsqueda (al igual que Google lo hace con su botón +1) provocando que los resultados con más clicks en este plug-in sean más relevantes para la web en general (no solo dentro de Facebook).  Ha sufrido ciertos problemas legales en materia de privacidad (también resulta un instrumento muy potente para el seguimiento de la actividad de los usuarios en internet) y curiosamente, hasta se ha prohibido su uso en alguna ocasión. Es más, se ha vuelto tan importante que lo podemos encontrar hasta en medios offline (Facebook anima a que se utilice fuera del mundo digital).

En estos dos párrafos he intentado resumir su utilizad e importancia. De todo esto se puede extraer, como conclusión inmediata y evidente, que cuantos más Likes tenga tu “lo que sea” más popular y relevante resulta ser.

¿Y qué pasa si quiero tener muchos Likes pero mi contenido no es muy bueno?

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No te preocupes si no todo funciona bien. Si lo hiciese, tendría que buscarme otro trabajo

Publicado el 18 de abril de 2012 por  Rubén Cougil Grande 0
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